¿Dónde está la victoria del Partido Pirata que anunciaba la prensa internacional?

Èric Lluent / Reykjavík

La prensa internacional, en su afán por producir y reproducir historias extraordinarias y con tintes novelescos sobre Islandia, ha vuelto a engañar a los lectores de medio mundo haciéndoles creer en una realidad que aquí, en la isla del Atlántico Norte, jamás ha existido. Durante toda la semana, medios con renombre nacional e internacional advirtieron a sus audiencias sobre la victoria inminente del Partido Pirata en las elecciones que tuvieron lugar este sábado. De hecho, la presión mediática ha sido tan fuerte, que un resultado histórico para una formación que nació en 2012 se ha convertido en una gran decepción para muchos, dentro y fuera de la isla. A continuación, exponemos algunos de los ejemplos más claros de esta nefasta cobertura mediática.

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Como ya dejamos claro en El Faro de Reykjavík en el artículo de la previa de estas elecciones, el Partido Pirata en ningún momento ha sido favorito para ganar esta contienda electoral durante las últimas semanas. No es una opinión. Es un hecho. Es tan sencillo como analizar los datos de las últimas diez encuestas antes de las elecciones, de las cuales los piratas encabezaron tan sólo dos (el resto daban claras victorias al Partido de la Independencia). Como también apuntábamos en el artículo, el buen momento económico podía ser un factor decisivo a la hora de decantar el voto hacia el centro derecha. Algo que debería ser básico para cualquier periodista (contrastar informaciones tan primarias como las encuestas) se ha convertido en un lujo difícil de encontrar para los lectores.

La cuestión empieza a ser preocupante y este nuevo episodio demuestra que no se trata de una simple anécdota, lo cual convierte a este proceso de desinformación en un caso de estudio realmente interesante. ¿Es deliberado? ¿Qué interés tienen todos estos medios en mentir sobre Islandia? La verdad es que ninguno de estos medios de comunicación tiene una interés político, económico o ideológico en Islandia. Pero Islandia se ha convertido en un concepto viral. Y, en términos de viralidad, ¿qué mejor que un partido de hackers y piratas con parche a punto de hacerse con el control de un gobierno? La lluvia de clics ante titulares como los presentados más arriba son garantía de un alto tráfico de visitantes, de comentarios en las redes sociales y de centenares de comparticiones. Así que, si de esto se trata el negocio del periodismo-ficción digital del siglo XXI, ¿por qué desaprovechar esta oportunidad?

Lo más grave es que ya hace años que las mentiras sobre Islandia son escandalosas sin que, ante las evidencias, a nadie le importe. Primero fue eso de que Islandia no gastó ni una sola corona para rescatar a los bancos, después eso de que los banqueros están pudriéndose todos en la cárcel, más tarde que si Islandia aprobó una nueva constitución escrita vía Facebook y ahora, por supuesto, que los piratas lideraban “todos los sondeos”, como afirma el periodista de El Confidencial en el recorte publicado. ¿No les da vergüenza? ¿Se imaginan a un médico recetando a diario pastillas para el corazón a pacientes con problemas visión? ¿Podemos los periodistas faltar a nuestra responsabilidad como profesionales de la información de forma reiterada sin que haya consecuencias? ¿A alguien le importa que lo que se escriba sea cierto? ¿Qué diablos han aprendido los periodistas en la universidad? Como ven, el caso me exaspera.

A la desinformación de la escena política del país hay que sumar la mitificación impulsada cada verano por periodistas que visitan la isla como turistas, se enamoran del país (algo comprensible), hablan con tres o cuatro personas y te montan un artículo repleto de sandeces sin fundamento sobre la excelente y armoniosa organización social del país entremezcladas con una oda cool sobre lo bien que se lo pasaron en su viaje de verano. Que si el agua y la electricidad son gratis en toda la isla porque las paga el Estado, que si en el siglo X Islandia vivía en democracia, que si aquí la gente nunca se jubila, que si son lo más revolucionario que se ha visto en el mundo, etc, etc. El artículo de Juan Soto Ivars Algunas cosas que verá usted en Islandia y que le costará creer o el libro de John Carlin Islandia. El mejor país del mundo son dos claros ejemplos de esta literatura periodística que bien podría quedarse en una interesante crónica de viaje pero que opta por sumarse al carro de la creación de esta saga moderna en la que la utilización de Islandia en el texto busca sacarle al lector un “¡Oh! ¡Mira qué bien funciona todo allí!” sea como sea.

Días antes de las elecciones, desde la redacción de El Faro de Reykjavík, enviamos un correo de presentación a la redacción de varios medios de comunicación españoles para ofrecernos como fuente para que pudieran cubrir las elecciones en condiciones. Ninguno de ellos, por supuesto, contestó. Ni un “gracias”. Pues bien. Desde la redacción de El Faro de Reykjavík continuaremos trabajando para que los hispanohablantes habitantes de la isla o de cualquier rincón del mundo estén informados con rigor e independencia sobre la actualidad de Islandia sin que el tráfico de visitas en la web condicione nuestra tarea. Si esta semana hubiéramos publicado un titular tipo “¡Atención, Islandia! ¡Piratas a la vista!” tendríamos a estas horas decenas de miles de visitas más en nuestra web. Sabemos cómo funciona la viralidad y la hemos sufrido en nuestras propias carnes. Pero preferimos ser honestos con el lector y hacer el mínimo que se nos debe exigir: periodismo.

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