[29O] Katrín Jakobsdóttir busca gobernar con el centroizquierda y la derecha liberal

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Èric Lluent / Reykjavík

Fotografía: NordForsk/Kim Wendt

La semana pasada, el líder del Partido de la Independencia, Bjarni Benediktsson, se dio por vencido después de romper las negociaciones con el Partido Reformista y el Futuro Brillante, la única ecuación que daba a la fuerza ganadora de las elecciones del pasado 29 de octubre posibilidades de formar un nuevo gobierno. La visión sobre el futuro de la moneda islandesa así como la regulación del sector pesquero fueron dos de los principales escollos para evitar un gobierno de centroderecha inédito. Después de la renuncia de Benediktsson, el presidente de Islandia, Guðni Thorlacius Jóhannesson, ha encargado la formación del gobierno a la candidata del segundo partido con más votos, el Movimiento de Izquierda Verde, liderado por Katrín Jakobsdóttir.

Durante este fin de semana, representantes de las dos formaciones de centroizquierda (Movimiento de Izquierda Verde y la Alianza Socialdemócrata) junto con el centro liberal del Futuro Brillante, el Partido Pirata (que se niega a proclamarse de izquierdas) y la nueva derecha liberal del Partido Reformista han iniciado los primeros contactos para impulsar una negociación oficial que podría establecer los pilares del nuevo gobierno islandés. Este nuevo gobierno, de cinco formaciones muy variopintas que sumarían 34 diputados (la mayoría son 34), es ahora una mera opción y no debemos precipitarnos a la hora de predecir los acontecimientos.

Sorprende, por ejemplo, el rápido movimiento de Bjarni Benediktsson a la hora de salirse de las negociaciones y pasar la patata caliente a Jakobsdóttir, sabedor de que la consecución de un pacto no será un camino de rosas. El ganador de las elecciones con 21 escaños se retira temporalmente de la primera línea de negociación a la espera de que el gobierno a cinco fracase y a la líder de los verdes no le quede otra que plegarse al deseo inicial del Partido Reformista (que tiene la clave para la formación de cualquier gobierno): que los primeros y los segundos se unan en un gobierno plural ideológicamente y con una amplia mayoría en el Parlamento.

El plan del Partido Reformista ha deseado desde un buen inicio convertirse en enlace entre la derecha y la izquierda tradicional bajo el paraguas de una nueva formación política de imagen centrista pero con claras propuestas de la derecha liberal. El resultados de las reuniones esta próxima semana será clave para entender si los reformistas creen realmente en la coalición a cinco o buscan forzar in extremis una coalición de la derecha y la izquierda como único antídoto a unas elecciones anticipadas por la incapacidad de los partidos para formar gobierno, algo que, como bien sabemos en España, favorece a las formaciones tradicionales y, en concreto, al partido vencedor de las últimas elecciones.

Si bien puede extrañar que se plantee esta unión, no debemos olvidar, como ya apuntamos en un artículo anterior, que en 2007 el Partido de la Independencia pactó con la Alianza Socialdemócrata con un programa de gobierno ambiguo que se vio interrumpido por los acontecimientos de octubre de 2008, la caída de los tres principales bancos privados del país y el posterior colapsó de las finanzas nacionales. Intentando no precipitarnos, en la redacción de El Faro de Reykjavík, estaremos atentos a los acontecimientos de esta próxima semana y os mantendremos informados.

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