Islandia y la Guerra Civil Española (IV): la repercusión literaria en Islandia

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Aitor Yraola

Un estudioso como Frederick R. Benson no ha dudado en señalar que “el colosal impacto de la Guerra Civil en los intelectuales europeos es una realidad incuestionable”, afirmación que también ha confirmado plenamente Stanley Weintraub: “Never since has cause so captured the moral and physical influence of so many makers and molders of the language, or created such relentless pressure upon so many members of the intellectual communities in the English-speaking world to take sides, to make a stand”.

La repercusión literaria de la Guerra en Islandia ha de comprenderse como parte de esta huella que la guerra dejó en tantos intelectuales, poetas y escritores europeos (y particularmente escandinavos) de la década de los treinta.  Factores como el tratamiento de temas de la tradición literaria islandesa, descripciones ancladas en el mundo rural o el distanciamiento de los narradores islandeses de España, lejano geográfica e intelectualmente para ellos, ocasionaron que no exista ninguna novela escrita por autores islandeses en la que pueda apreciarse la repercusión de la Guerra Civil. 

Paradójicamente, dos escritores islandeses fueron testigos oculars del conflicto. Björn Franzson, un intelectual de izquierdas entusiasta ciego de los logros socials del comunismo soviético, acudió en Julio de 1937 al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura en Valencia, en una de cuyas sesiones afirmó: “…nos hemos reunido aquí porque la defensa de España es la defensa de la cultura, saludo a España en nombre de los antifascistas de Islandia”.  Sus artículos en Rauðir pennar [Plumas rojas] sobre la guerra están teñidos de sorpresa, admiración, del miedo que se apoderaba de él en las noches estrelladas cargadas de muerte.  En uno de ellos escribía: “A uno le cuesta creer que en este bello y pacífico lugar, bajo este cielo caliente, pueda llover en cualquier momento la destrucción y la muerte”. 

La version de la Guerra de este escritor fue una mezcla de impresiones literarias, razonamientos dialécticos en pro de la República y objetividad sobre la situación en España desde el punto de vista de un observador excepcional. Otro testigo singular de la guerra fue el Nobel de Literatura Halldór Laxness, quien rumbo a Buenos Aires en julio de 1936 a bordo del barco británico Highland Brigade para tomar parte en el Congreso Internacional de escritores del club PEN hizo escala en Las Palmas de Gran Canaria.  En cubierta, el escritor fue testigo directo de la detención, amenazas y brutal apaleamiento de un diputado español por parte de “camisas azules”, acción que el Nobel –junto con los restantes escritores a bordo- se apresuró a denunciar en un artículo titulado: “Fascismo sin demagogia”. Resulta patético que la única novela existente en islandés sobre la Guerra civil hasta 2002 haya sido “un montón de invenciones sacadas de ideas divulgadas por los diarios acerca de un pueblo demasiado lejano para el autor”, la obra de Dagur Austan es una novella de aventuras con ribetes folletinescos, alucinaciones nocturnas y diurnas, en la que la Guerra Civil no es más que un pretexto para narrar intrigas de persecuciones grotescas sin valor literario ni humano. 

Por otra parte, la repercusión de la guerra en la poesía islandesa fue muy limitada. Si se tiene en cuenta que en España cayeron poetas como John Cornford, Julian Bell o Ralph Fox, segando solo en Inglaterra la mitad de una de las generaciones de poetas más notable, las explicaciones del gran poeta islandés Steinn Steinarr de no haber acudido a España resultan hueras. No obstante en su poema Don Quijote interpreta el drama de la guerra recurriendo a un diálogo en el que Don Quijote señala a Sancho, en una serie de imágenes concentradas a “un hombre opulento que asesina e incendia”. Otros dos poemas del poeta Jóhannes úr Kötlum, preceptor de Steinarr, constituyen el núcleo de la repercusión de la guerra en la poesía islandesa, el primero: Tröllið á glugganum [El trol a la ventana], poema inspirado en las amenazas del fascismo sobre Islandia, contiene en su décima estrofa una imagen estremecedora en la que “durante la noche la sangre –como el vino- se desliza por el cristal de la ventana mientras Islandia duerme”.  En el segundo: Spánn kallar! [¡España llama!], publicado en el órgano de las Juventudes Comunistas, el poeta recurre al símil del lobo Fenrir (lobo encadenado por los Ases con fuertes grilletes) de la mitología nórdica para aludir a la lucha apocalíptica del pueblo español contra un lobo cruel. 

Este poema fue “contestado” por el poeta Guðmundur Friðjónsson en las páginas del diario conservador Morgunblaðið con un poema mediocre titulado: Styrjöldin á Spáni (La Guerra de España) que incluye en la última estrofa la imagen del “dios Surtur que viene del sur” (dios destructor ígneo) tomado del ragnarök u ocaso de los dioses mitológicos. Mientras que un poema alude a la rebelión, el otro presenta al dios Surtur propagando el fuego rojo esgrimiendo su afilada espada contra Frey, dios de la fertilidad.  En suma, el diálogo de ambos poetas utilizando imágenes mitológicas, ofrece una antítesis que explica el antagonismo de bandos existente en el conflicto español. Finalmente las “rimas impresas” de Karl Halldórsson, el poema titulado: Spánn [España] constituye un ejemplo de “poesía distante” según la acertada clasificación de Bernd Dietz, ofrece una visión irreal, una elaboración verbal escasa que contrasta con la profundidad del poema en inglés del mismo título, Spain, de Wystan Hugh Auden, un poeta que casualmente pasó el verano de 1936 en Islandia, y además entre enero y marzo de 1937 estuvo también en España.  La lucha simplista ‘pueblo vs. fascismo’ que refleja el islandés, cobra en Auden una trascendencia singular con implicaciones históricas, políticas y filosóficas:

The stars are dead. The animals will not look. / We are left alone with our day, and the time is short, and / History to the defeated…

Finalmente la Guerra Civil Espoñola no tuvo apenas repercussion en la erudición islandesa. Þórhallur Þorgilsson, un frustrado aspirante a cónsul de la Nueva España, confesaba al entonces Jefe del Servicio Nacional de Propaganda de Burgos en 1938 “su decidida labor en Islandia en pro de la causa de la verdadera España, de aquella que combate decidida y heroicamente las hordas internacionales del marxismo”, fue el autor de una obra de propaganda en la que entre los desatinos más tendenciosos destaca la razón del fusilamiento de García Lorca: “..el poeta en lugar de haberse dedicado a la poesía había propagado el marxismo y era miembro destacado de un partido involucrado en numerosos crímenes”. 

Este injusto tratamiento histórico del conflicto español acentúa más el desvarío etílico del escritor Dagur Austan así como la indiferencia de la guerra española en la intelectualidad islandesa, la Asociación de Artistas islandeses rechazó en agosto de 1936 una propuesta de los sindicatos para recaudar fondos en favor del Frente Popular al tiempo que un Consejo Cultural islandés, verdaderamente en la inopia, se dirigía en marzo de 1938 a la Embajada de España en Copenhague para que “facilitaran a los islandeses participar en congresos”.

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