[Editorial] Desinformación y el volcán Katla

Vivimos en sociedades en las que la mayor parte de los periodistas han dejado de ejercer su principal deber, informar con rigor e independencia, denunciar aquello que alguien desea silenciar y generar un debate constructivo como base para una democracia moderna y participativa. Hoy en día, reina la inmediatez, el escándalo, el sentimentalismo barato, la historia que nos conmociona ahora y que mañana ya ni recordamos. La batalla por el click, con la esperanza de que cada click vaya a ser una mina de oro de una supuesta nueva era de publicidad digital (algo que ya se ha desmontado, puesto que la calidad de los lectores en Internet es ínfima en términos de publicidad si la comparamos con el papel), ha devaluado una profesión que antes de Internet ya afrontaba problemas de calado, como las presiones de las organizaciones políticas, la compra de líneas editoriales mediante subvenciones públicas o la influencia de los principales anunciantes y acreedores.

Lo más grave es que buena parte de la nueva generación de “periodistas” ha aceptado estas reglas del juego, empujados por una precariedad normalizada en el sector. Escribir algo que se haga viral y consiga millones de visitas es el sueño de cualquier director de medio digital y asegura el éxito profesional en la mayoría de empresas. Si el criterio es la viralidad de un contenido, la información, el rigor y la independencia son los principales perjudicados. En Islandia tenemos muchos ejemplos de desinformación y en El Faro de Reykjavík los analizaremos con detalle. Sin prisa, pero sin pausa. Un caso claro de la deriva de los medios de comunicación en la actualidad es la cobertura informativa sobre el volcán Katla. ¿Qué mejor que un titular en el que se insinúa una erupción inminente para atraer la atención de centenares de miles de lectores?

Desde hace años, y especialmente después de la erupción del Eyjafjalljökull en abril 2010 (la que cerró buena parte del espacio aéreo europeo a causa de la nube de ceniza), cada vez que hay actividad sísmica en la zona del Katla, muchos medios internacionales aprovechan para hacer titulares apocalípticos. Este verano, con el incremento del número de terremotos y también a raíz del episodio de la semana pasada, se han publicado desinformaciones sobre la supuesta erupción inminente del Katla. De hecho, la Oficina Meteorológica de Islandia ha tenido que hacer varios comunicados en los que se clarifican las informaciones alarmistas difundidas por algunos medios y en los que se detalla que “situaciones de actividad sísmica similares han tenido lugar muchas veces desde la década de los cincuenta sin que ninguno de estos episodios haya acabado en una erupción explosiva”.

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Noticia de The Sun del pasado 2 de setiembre

En El Faro de Reykjavík somos conscientes de que si hiciéramos noticias alarmistas podríamos incrementar exponencialmente nuestras visitas. No obstante, por respeto a nuestros lectores, no jugaremos con el miedo infundado para ganar audiencia, simplemente porque no nos interesa. Estamos convencidos que hay un sector importante de lectores inteligentes que hoy en día tienen dificultades para encontrar periodismo en la red. Periodismo, a secas. Le podemos poner las etiquetas que queramos, pero periodismo es una cosa y la desinformación o el amarillismo es otra muy distinta, se hable de un volcán, de unas elecciones o de unas protestas. En las próximas semanas, meses o años, se seguirá desinformando sobre el Katla, hasta que el día que entre en erupción los medios que han alarmado durante tanto tiempo ya no tengan ningún tipo de credibilidad.

En este nuevo medio de comunicación que ha nacido con la voluntad de explicar Islandia a los hispanohablantes que viven en la isla y en el resto del mundo, no vamos a convertir el Katla (o el volcán que sea) en un anzuelo para que los internautas despistados piquen. El Katla entró en erupción por última vez en 1918. La erupción duró 24 días, del 12 de octubre al 4 de noviembre y, por suerte, no causó víctimas mortales aunque unos granjeros tuvieron que huir al galope para no ser engullidos por la gran inundación producida por el rápido deshielo del glaciar que corona la caldera de este volcán. Si tenemos dudas, preguntaremos a expertos. Y cuando suceda, cuando finalmente el volcán Katla entre en erupción, informaremos con rigor y con criterio. Empezando por preocuparnos informativamente más por la gente que vive en la zona y su seguridad que por el cierre del espacio aéreo. Como nuestros lectores saben, el Katla no es ninguna broma y la cobertura informativa sobre este volcán no debe dejar margen para la frivolidad.

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