El recreo en la educación infantil islandesa: llueva, nieve o haga un vendaval

Azahara Bejarano / Reykjavík

Fotografía: Flickr – Pitt Caleb

Uno de los aspectos más revolucionarios de la educación infantil en Islandia es la importancia que tienen las actividades en el exterior en el periodo de enseñanza infantil. Los alumnos pasan gran parte de la jornada escolar jugando y aprendiendo a través de la naturaleza y el entorno próximo. Lo más sorprendente de sistema, si lo comparamos por ejemplo con el español, es que las actividades al aire libre no se suspenden cuando hace mal tiempo, llueva, nieve o haga un vendaval. Los que habitan Islandia saben que el buen tiempo es un bien escaso, los días fríos, con precipitación o con vientos fuertes son los predominantes en otoño, invierno y primavera. Es por este motivo que los alumnos islandeses llevan siempre consigo ropa de exterior adecuada para cada circunstancia, como botas de agua, ropa impermeable o ropa térmica.

Salir al recreo no es un lujo, es una necesidad y es por ello que los niños islandeses aprenden a adaptarse a las circunstancias meteorológicas desde muy pequeños. Para ellos, un día lluvioso puede convertirse en una magnifica oportunidad para crear castillos de arena y agua. Sin embargo, en España creamos protocolos de actuación en casos de lluvia con directrices como no salir al recreo, que los padres entren dentro de las aulas a buscar a los alumnos o suspender actividades extraescolares. Algo radicalmente contrario al concepto educativo islandés.

En España, y en muchos otros países, vivimos en una época de los cuerpos silenciados. Estamos habituados a mantener a niños de tres años de edad en espacios reducidos y sin posibilidad de movimiento libre. Creamos grandes programas de educación física llenos de sesiones y objetivos para trabajar aspectos tan naturales como el equilibrio cuando estamos desaprovechando el escenario idóneo para ello, el exterior y sus circunstancias. Cómo mantenerse de pie cuando hace mucho viento, cómo andar por el arenal cuando está lloviendo o como no escurrirse sobre la helada nieve son meros ejemplos de cómo de forma natural los niños islandeses aprenden y también desarrollan su potencial corporal.

Pero, ¿por qué en España no vemos las circunstancias meteorológicas desde un punto de vista práctico y positivo para mejorar el proceso educativo de los más pequeños? En primer lugar, la ratio de maestros y alumnos en edad preescolar marca una gran diferencia entre ambos sistemas educativos. Según los datos de la OECD, la ratio media de alumnos en edad preescolar en España durante el curso escolar 2013 (cuando la crisis la hizo aumentar significativamente) fue de 15 alumnos por maestro, mientras que en Islandia, ese mismo año la ratio estaba en 3,5 alumnos por maestro. La diferencia es abrumadora. Un maestro puede ayudar a ponerse ropa y botas de agua a tres o cuatro alumnos y disfrutar de una maravillosa experiencia en el exterior haga el tiempo que haga, pero si ese mismo maestro debe ayudar a quince alumnos, la tarea se complica y tendemos a verlo como un proceso problemático, con lo cual se acaba evitando.

Por otro lado, en Islandia se le da más valor a la posibilidad de salir al exterior, los inviernos son más duros y con pocas horas de luz, es por ello, que a pesar del tiempo, se hace todo lo posible para que los alumnos puedan disfrutar de su entorno y no deban pasar largas jornadas encerrados en clase, como sucede en España. De hecho, cualquier maestro español sabe que los días de lluvia son un auténtico caos, puesto que los niños no tienen la oportunidad de pasar ni cinco minutos en el exterior, lo cual genera nerviosismo entre los más pequeños.

Algo tan sencillo como cambiar estas dinámicas debería estar en la agenda para mejorar el sistema educativo en muchos países, tomando como ejemplo los buenos resultados del método escandinavo preescolar, entre los se encuentra el islandés o el finlandés, este último un auténtico referente mundial. Aunque, sin unas ratios de alumnos más adecuadas, cualquier reforma del sistema educativo parece una misión imposible. En este sentido, la apuestas sin matices por la enseñanza pública y la optimización de los recursos de los que el Estado dispone es clave para poder seguir el ejemplo de los sistemas educación infantil que se están llevando a cabo con éxito en países como Islandia.

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Carlos dice:

    Pregunto: Siempre tienen que hacer comparaciones a la hora de redactar su informe?

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    1. El “siempre”, ¿en qué se basa? ¿En otros artículos de El Faro? ¿O en general? De todas formas, la respuesta es que lo noticiable, lo que llama la atención y lo que puede interesar al lector a menudo se encuentra en la comparación. Comparar el contexto propio con el de otros países es una buena manera de abrir la mirada. Nos parece un ejercicio muy sano. No sólo comparar los hechos, sino buscarles una explicación para que se entienda cuál es la raíz del problema.

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  2. Denise dice:

    Absolutamente de acuerdo con El Faro. Las comparaciones representan una manera sencilla y práctica que demuestra lo que nos ocurre permitiéndonos conocer, saber y desarrollar el juicio crítico basado en fundamentos válidos, lamentablemente poco existente en muchos sujetos. La habitual intención de mirar para otro lado y/o de “vivir en un tupper¨, sólo conducen a mantener nacionalismos retrógrados y la mediocridad. Como clínica especializada en Trastornos del Neurodesarrollo infanto-juvenil y con un hijo viviendo en Islandia, compruebo que la nota y las compraciones con España que incluso no escapan a la realidad de muchos otros países, son absolutamente ciertas y son el resultado de lo que clínica y socialmente comprobamos en los niños de aquí con respecto a los de allí, es decir, niños frustrados, desmotivados, fracaso y abandono escolar, bullyng, sobrediagnósticos, sobremedicación, y ausencia de educación escolar basada en el juego, el disfrute, la experimentación, la curiosidad, la consciencia cívica y el pensamiento solidario, por todo ello y en gran parte, el modelo pedagógico nórdico y/o islandés, los forest kindergarden, la educación Montessori y/o Reggiana, son inexistentes-

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  3. Rocío dice:

    15 niños dice… Eso es la media que tendrá cuenta escuelas rurales. A partir de tres años la ratio en 2013 era de 28 niños y en algunas clases excepcionalmente podía haber hasta 29 niños.

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    1. Es cierto que en 2013 la ratio máxima era de 27,3 según el MEC pero en este artículo he usado ratios medias extraídas de la OECD. Te dejo el enlace para que puedas comprobarlo. Gracias por tu comentario.
      https://www.oecd.org/els/soc/PF4-2-Quality-childcare-early-education-services.pdf

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