Se acerca el invierno: consejos de alimentación para afrontar el frío y la oscuridad en Islandia

Redacción / Reykjavík

Los seguidores de la serie Juego de Tronos lo saben bien. Se acerca el invierno. En la ficción fantástica y también en la vida real, al menos en el hemisferio norte. Vivir un invierno en Islandia es todo un reto para muchos hispanohablantes puesto que las condiciones que se dan aquí durante esta época del año son bastante distintas a las que la mayoría estamos habituados. Aunque Islandia se encuentra muy cerquita del Círculo Polar Ártico (tan sólo una pequeña zona de una isla llamada Grímsey, situada en frente de la costa norte, se encuentra dentro de los límites de esta región) las temperaturas en la zona de la capital no son especialmente frías en invierno.

La temperatura media en el mes más frío (febrero) es de cero grados centígrados. El motivo de estos inviernos templados es la influencia de la Corriente del Golfo, la corriente cálida del océano Atlántico. No obstante, el hecho de que esta temperatura se mantenga constante, más o menos, durante muchos meses al año supone un cambio importante para muchos recién llegados. Además, con el viento que sopla en toda la isla, la sensación térmica puede ser realmente baja en cualquier punto del país.

A la cuestión del frío, se suman las pocas horas de luz durante, especialmente, los meses noviembre, diciembre y enero. El 21 de diciembre hay 4.07 horas de luz, lo cual puede dificultar la adaptación al lugar y afectar nuestra salud. En este artículo, desde El Faro de Reykjavík queremos compartir consejos de alimentación dedicados a los que este año viven su primer invierno en el país y a aquellos que otros años no se hayan sentido al cien por cien. Para la realización de este artículo hemos contado con la colaboración de la nutricionista y dietista Elisabet Asensio.

Primero hay que tener en cuenta que los cambios de temperatura suponen cambios en nuestro cuerpo. “El frío hace que quememos más calorías, con lo cual gastamos más energía. Es por este motivo que las personas se deben adaptar calóricamente. Así, es recomendable incrementar el consumo de grasas saludables, como las que obtenemos consumiendo frutos secos, pescado azul y aceite de pescado”, expone Asensio. “Además, debemos aumentar el consumo de hidratos de carbono, comiendo, por ejemplo, pan, patatas, cereales o legumbres. Lo que no hay que incrementar son las proteínas, puesto que esto nos podría generar problemas en el hígado o en el riñón”, añade.

Otro consejo básico, aunque no por esto lo debemos olvidar, es comer muchas sopas calientes para entrar en calor. El picante también nos puede ayudar a cumplir esta función, aunque en la tradición gastronómica islandesa no es tan común. Lo que sí abunda en el recetario islandés son las sopas, como la sopa de pescado, la sopa de cordero o la sopa de langosta, así como cremas de verduras y setas. En los días en los que el frío aprieta, un buen cazo de sopa antes de salir de casa, al mediodía o por la noche nos puede hacer sentir mucho mejor.

Respecto a la falta de luz, la consecuencia más evidente es la carencia de vitamina D. “Esta vitamina la absorbemos principalmente a través de la luz solar, por lo cual en países como España estamos acostumbrados a tener los niveles adecuados. Cuando tenemos muy pocas horas de luz es recomendable intentar aprovecharlas al máximo, aunque en Islandia sería adecuado que en invierno las personas se tomaran un multivitamínico que incluya vitamina D, siempre que la persona no sufra alguna intolerancia o tenga exceso de alguna vitamina. En este último caso, debería consumirse tan sólo un suplemento de vitamina D”, apunta Asensio.

Finalmente, es importante tener unos buenos niveles de serotonina, también vinculada con la vitamina D, puesto que es precursora del sueño y favorece un buen descanso. Un yogur, un trozo de queso, huevos o frutos secos son recomendables antes de ir a dormir, puesto que aumentan la serotonina y mejoran la calidad de nuestras horas de sueño.

Estos consejos son generales y deben entenderse como una guía general para pasar un invierno con buena salud en Islandia. Si se padecen enfermedades, alergias, intolerancias o excesos, lo más recomendable es ponerse en manos de un médico o un nutricionista dietista profesional.

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