[1809] La curiosa historia del aventurero que se proclamó ‘rey’ de Islandia durante un verano

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Èric Lluent / Reykjavík

Esta es la historia de un hombre que murió en Tasmania el 20 de enero de 1841, en el seno de una comunidad de convictos procedentes de las islas británicas, consumido por el alcohol después de perder a su novia irlandesa, veinticinco años más joven que él. Su nombre era Jørgen Jørgensen, aunque, en sus últimos años de vida, algunos se dirigían a él con un “su majestad”, conocedores de la curiosa aventura que protagonizó en Islandia el verano de 1809. Si bien damos por buena la versión de que Islandia consiguió su independencia el 17 de junio de 1944, día en el que en Thingvellir (escenario de la primera asamblea nacional islandesa en el año 930) se rompió definitivamente con siglos de control de la Corona Danesa, debemos tener en cuenta el extraño gobierno impulsado por Jørgensen, un reinado de tan sólo dos meses que declaró Islandia país soberano e independiente.

Hijo del relojero real danés, Jørgensen, nacido el 29 de marzo de 1780, fue un niño tan inteligente como rebelde, algo que definiría sus sesenta años de vida. A los trece fue expulsado de la escuela y cumplió su sueño: convertirse en navegante. Se enroló como aprendiz en un barco inglés que conectaba Inglaterra con el Báltico y los inviernos los pasaba esperando el buen tiempo en Londres. Allí, descubrió el estilo de vida inglés, lo cual, a la larga, forjaría una nueva identidad para el joven marinero danés. Poco a poco fue ascendiendo, hasta llegar a capitán y liderar expediciones a Tasmania, tierra que ayudó a colonizar y que, cuarenta años después, lo vería morir. En 1806 volvió a Londres y poco después visitó a su familia y amigos en Copenhague. En 1807, encontrándose en su país de nacimiento, estalló la guerra entre Gran Bretaña y Dinamarca y fue reclutado por la armada danesa para capitanear una embarcación que tenía como misión capturar barcos ingleses en aguas nacionales.

A la que pudo, se dirigió hacia las costas de Gran Bretaña y se enfrentó a un barco inglés, siendo capturado, lo cual le permitió volver a Londres y alejarse del bando danés. En Londres fue puesto en libertad bajo la condición de que no abandonara la ciudad, lo cual no pareció incomodarlo. Allí, entabló relación con mercantes islandeses que eran capturados junto a sus embarcaciones por la Armada Inglesa a raíz del conflicto armado. Fue un islandés el que lo convenció para impulsar una expedición comercial a Islandia, pues según la versión del isleño, en los puertos se acumulaban todo tipo de materias primas, como por ejemplo sebo. Jørgensen vio una oportunidad de negocio y convenció a un inversor para que financiara una expedición en pleno invierno, una auténtica temeridad. Visitaron Hafnarfjörður y Reykjavík, pero las autoridades danesas prohibieron al barco inglés vender la carga de alimentos básicos que llevaba así como comprar materias primas a los islandeses.

A pesar del fracaso de esta expedición, Jørgensen consiguió apoyo para un segundo viaje, abordo del barco Margaret & Ann, esta vez con una mejor organización. Contaron con la ayuda de una expedición paralela de las autoridades inglesas que antes de la llegada del barco de Jørgensen aseguraron que el gobernador danés de Islandia permitiera a los comerciantes ingleses llevar a cabo su negocio. Frederik Trampe, el gobernador, firmó un nuevo tratado comercial, pero pasados unos días prohibió de nuevo el desembarco de Margaret & Ann, incumpliendo así su palabra. La tripulación inglesa tuvo que escoger entre volver a Gran Bretaña o, de alguna forma, asegurar su derecho comercial en Islandia. Evidentemente, Jørgensen se declinó por la segunda opción, y sin pensarlo dos veces el 25 de junio arrestó al gobernador, encarcelándolo e invitando a los cuatro oficiales daneses que había en el país a no hacer nada para evitar lo que, en la práctica, era un golpe de estado en toda regla.

El aventurero danés había sido influenciado por los movimientos liberales de finales del siglo XVIII y quería que Islandia fuera un país libre, acabando con las imposiciones de la Corona Danesa. De esta forma, en un país donde no había ningún destacamento militar y en el que sus habitantes siguieron los acontecimientos con pasividad, Jørgen Jørgensen se convirtió en el jefe del estado, autoproclamándose liberador de los islandeses. Su primera acción de gobierno se basó en la publicación de unas leyes básicas por las que Islandia se proclamaba una nación independiente en la que todas las propiedades de daneses que no vivieran en la isla serían expropiadas. Además, para asegurar su negocio, el artículo 6 de su proclamación legislativa exponía que los puertos de Islandia debían estar abiertos a embarcaciones de “todas las naciones”. Sus ideas eran revolucionarias en aquel entonces e incluso se pueden tildar de bien intencionadas. En uno de los puntos de esta ley se subraya la voluntad de que nadie fuera reprimido violentamente por su rol en el anterior gobierno danés, siempre que cumpliera con sus nuevas obligaciones, y que los daneses residentes en la isla fueran respetados (no hay que olvidar que él mismo era un ciudadano danés).

Jørgensen redujo las tasas a la mitad y diseñó una estructura gubernamental inspirada en el primer parlamento nacional islandés del año 930. Su intención era la de ser el protector de Islandia hasta que nuevos representantes islandeses fueran escogidos para gobernar el país. Durante semanas viajó por toda la isla para presentar su propuesta a los autóctonos, aunque en la mayoría de lugares el recibimiento fue bastante frío. Los habitantes de Islandia no entendían qué estaba pasando exactamente y estaban a la expectativa de ver cuál era la reacción de la Corona Danesa cuando descubriera lo sucedido. Además, existía gran confusión sobre si Jørgensen contaba con el respaldo de los oficiales en Gran Bretaña o no, lo que se demostró falso cuando a mediados de agosto un barco de guerra inglés llegó a Reykjavík y acabó con el golpe de estado llevándose a Jørgensen de vuelta a la islas británicas. Perdió todos sus poderes sobre Islandia el 22 de agosto y estuvo años encarcelado, aunque más tarde trabajó como espía para el gobierno inglés.

“Su majestad islandesa”, lo llamaban en Tasmania el resto de convictos con los que convivía después de que las autoridades inglesas lo enviaran allí en 1925 como castigo por sus innumerables deudas y adicciones.

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