Trabajar a cambio de cama y comida, la inaceptable moda que también llega a Islandia

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Èric Lluent / Reykjavík

Si un proletario europeo de finales del siglo XIX o principios del siglo XX levantara la cabeza hoy es posible que le diera un patatús al descubrir que en las sociedades modernas se publicitan sin rubor y de forma totalmente legal ofertas de trabajo en las que los empleadores ofrecen a los trabajadores cama y comida en lugar de salario. Esta realidad, aunque muy silenciada, está presente en muchos países e Islandia no es ninguna excepción. Lo más sorprendente es que existe mano de obra dispuesta a entregar sus horas de trabajo a una empresa privada a cambio de manutención, aunque el contexto económico global puede dar una explicación plausible a este fenómeno.

Las primeras informaciones sobre estos casos llegaron a la redacción de El Faro de Reykjavík hace una semana, cuando una lectora nos hizo saber que al visitar una granja islandesa en los fiordos del este de la isla descubrió que en ella había dos chicas que llevaban tiempo trabajando sin cobrar ni una sola corona, tan sólo a cambio de una habitación y comida. Las trabajadoras, consideradas por la empresa unas meras voluntarias, se encargaban de las habitaciones, de limpiar, de cocinar y de las demás tareas habituales de un trabajador del sector de la hostelería. Incluso las vio esconderse cuando sus jefes se lo pedían para que unos periodistas que visitaban la granja no se dieran cuenta de la irregularidad.

A partir de esta información inicial, que pudo ser contrastada con una de las protagonistas, nos pusimos manos a la obra para destapar una realidad que nos parece a todas luces alarmante. Tras una sencilla búsqueda, dimos con las páginas de Internet desde las que los islandeses y residentes extranjeros en la isla, la mayoría granjeros y propietarios de hostales, ofrecen este tipo de voluntariados a jóvenes de todo el mundo. Las propuestas se cuelgan en páginas como Helpx o Workaway y se cubren bajo la definición de intercambio cultural, aunque estos intermediarios no ponen ningún tipo de límites a los empresarios que explotan al máximo la posibilidad que se les brinda desde plataformas como las citadas.

“Somos un hostal pequeño y familiar situado en el centro de Reykjavík. Necesitamos buenas personas para quedarse con nosotros un tiempo largo (2 o 3 meses), estamos abiertos todo el año. Las parejas también son bienvenidas. El trabajo incluye limpiar, hacer las camas, comunicarse con los clientes. Sólo personas buenas y honestas para hacer lo que debe hacerse en un pequeño hostal. De 5 a 6 horas al día ofrecemos comida y una habitación”. Esta es tan sólo una de las decenas de ofertas que se pueden encontrar en el portal HelpX.

“En la espectacular ciudad de Seydisfjordur, en el este de Islandia, estamos buscando gente positiva y ayudantes dispuestos para dos proyectos diferentes. Uno es la renovación de una casa en el puerto llamada Báran. Para este proyecto necesitamos hombres o mujeres habilidosas y la experiencia en la construcción será un bonus. El segundo proyecto es para alguien interesado en el trabajo de hostal, que requiere buen conocimiento de inglés y buenas capacidades sociales. El trabajo será tanto limpiando como en la recepción. […] Prometemos una buena habitación, comidas deliciosas y una experiencia cultural”, detalla otro hostelero que ni tan siquiera esconde el hecho de que se trata de un trabajo y no de un voluntariado.

En Islandia, algunos empresarios se aprovechan del interés que despierta el país entre los jóvenes para convencerlos de venir, como si el hecho de trabajar en un fiordo bucólico fuera razón para saltarse los más básicos derechos laborales. “Las chicas dormían en otro edificio y no tenían casi relación con la familia local. ¿Dónde está el intercambio cultural?”, reflexiona la chica española (prefiere mantener el anonimato) que descubrió el caso de las dos jóvenes que trabajaban en la granja del este a la que hemos hecho referencia al principio.

“Somos una pareja joven buscando un constructor con experiencia o carpintero para que nos ayude a construir una cúpula geodésica para que los turistas puedan ver las auroras boreales a través del techo, renovar nuestra casa para que así la podamos alquilar como casa de vacaciones en verano. […] Nos gustaría la ayuda de un trabajador con experiencia. A cambio conocerás el Norte de Islandia y te lo pasarás bien. Te ofrecemos alojamiento y comidas. Máximo 5 horas al día, 5 días a la semana”, es la propuesta que han compartido hoy mismo una pareja inglesa que vive en Islandia a través de la plataforma Workaway, en la que los “voluntarios” son llamados workawayers. Como vemos, el lenguaje directo prevalece, como si la explotación laboral ya no avergonzara a nadie, ni al que la impulsa públicamente ni al que la promociona en su web.

“Somos Ragna y Jón Bjarni y tenemos en propiedad un pequeño restaurante y el alojamiento Einarhouse, Bolungarvik. Estamos buscando cuatro voluntarios para ayudar en la recepción dando la bienvenida a los clientes, preparando el desayuno, limpiando habitaciones y cambiando camas, etc. También participando en las tareas de nuestro restaurante en temporada de verano (de mayo a agosto). […] Los ayudantes vivirán en Einarhouse y también en nuestra casa. Trabajo: seis horas al día, seis horas a la semana y dos días libres. Ofrecemos buena comida del restaurante y acceso libre a internet”. Esta oferta se publicó en verano de 2015, pero describe a la perfección el control cero que las plataformas digitales ejercen sobre las empresas privadas que buscan “ayudantes”.

Como autor de este artículo, le he estado dando vueltas un buen rato a cómo acabar la pieza. Finalmente, he llegado a la conclusión de que los textos originales de los anuncios son tan transparentes y describen tan bien la inaceptable situación que lo único que puedo hacer es compartir uno más de la interminable lista. Ah, y recuerden. Todo esto es legal y parece que, hasta la fecha, aceptado por la inspección laboral islandesa, mientras los isleños que conocen las condiciones de los jóvenes que aceptan estos trabajos (muchos de ellos procedentes de países sin futuro para las nuevas generaciones) miran hacia otro lado.

“Somos una familia joven viviendo en los preciosos fiordos del oeste de Islandia. Vivimos en una de las zonas más pintorescas de Islandia, con numerosas cascadas, montañas sin fin, puestas de sol extraordinarias y una maravillosa vida salvaje alrededor. […] También tenemos caballos islandeses que puedes montar cuando se presente la ocasión. Estamos buscando alguien activo y entusiasta para hacer de niñera a nuestras hijas de cuatro y un año y medio mientras trabajamos. […] Es un trabajo a tiempo completo. De todas maneras, eres libre de llevar a nuestras hijas a descubrir cualquier lugar que desees. Se espera que los voluntarios cocinen su comida así como para toda la familia cuando sea necesario (toda la comida se proveerá). Se te ofrecerá una habitación privada y acceso a todo lo que necesites, incluyendo internet, televisión, etc”.

Etcétera.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ernesto dice:

    Y donde esta, segun vos, la linea entre voluntariado y explotacion?

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    1. Proyectos que beneficien a la comunidad o a sectores de población vulnerable, no a empresas privadas del sector del turismo. Por otra parte, el voluntariado es eso, un acto voluntario, no deben incluir perfiles de selección ni condiciones impuestas por el “jefe”. Finalmente, trabajar seis horas al día, cinco días a la semana para, repito, una empresa privada creo que está claro que no debe ser considerado voluntariado. De todas formas, lo que está claro es que no hay una legislación que cubra los derechos de los voluntarios y establezca precisamente unos límites claros para poder perseguir estas prácticas. ¡Saludos! Èric.

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  2. quim.perello dice:

    Uau! Estas dinámicas chocan mucho. Gracias por el articulo!

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