1.800 euros por casarte con una islandesa y un cerebro de regalo

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Èric Lluent / Reykjavík

Fotografía: Museo de la Fotografía de Reykjavík* 

*Dos mujeres islandesas con vestidos tradicionales, 1900-1920

Estos días corre por las redes sociales un bulo sobre Islandia. En distintas plataformas de noticias virales, incluidas Terra y Los40 México, se informa sobre el supuesto pago que los hombres extranjeros recibirán en caso de casarse con una mujer islandesa, siendo la cantidad de 1.800 euros. Incluso en algunas versiones, este pago no es puntual sino que es mensual, de por vida. Aunque parezca mentira, hay miles de hispanohablantes que han considerado que esta información es real y han iniciado los trámites para encontrar a su “media naranja”, escribiendo privados indiscriminadamente a mujeres islandesas para ofrecerse como maridos a sueldo a cargo del Estado islandés.

Ya nada nos debe sorprender sobre la cobertura informativa de Islandia. Desde hace unos años Islandia viene siendo un mero producto viral para la mayoría de los medios de comunicación, un concepto que juega un rol muy concreto en el sobrecargado menú del día de la actualidad. En la prensa occidental, hay países peligrosos (Corea del Norte, Irán, Venezuela), hay países a los que se debe respetar (Estados Unidos, Alemania, China), hay países violentos (Siria, Iraq, Sudán del Sur), hay países corruptos (Italia, Grecia, España), hay países en los que todo funciona bien (Canadá, Australia, Suiza), hay países que no existen y, después, está Islandia, que cubre a la perfección la dosis de noticias increíbles y espectaculares necesaria para completar la oferta. Islandia, en el relato internacional actual, es un país simpático, curioso, extravagante y ejemplar en el que suceden cosas extraordinarias. Una auténtica mina de clics para los medios digitales.

Pero aunque los precedentes de informaciones falsas sobre Islandia se cuenten por docenas, ¿a quién se le pasa por la cabeza que esta noticia pueda ser cierta? Hemos creado sociedades en las que millones de personas no tienen ningún tipo de filtro ni de criterio a la hora de consumir información. Sencillamente, a la mayoría nos da igual. Estamos sedientos de emociones, ansiosos de compartir emoticones y de difundir grandes titulares, mientras la veracidad y el rigor periodístico han quedado en un segundo plano. Consumimos redes sociales como quien mira una serie de televisión. La línea entre la realidad y la ficción es cada vez más difusa y parece que esta situación no nos preocupa especialmente. En la era del escepticismo y la posverdad, hemos conseguido que la información solvente sea un eco del pasado, producida y consumida por una preocupante minoría.

La responsabilidad de que haya multitud de hombres enviando mensajes a mujeres islandesas pidiéndoles matrimonio la tenemos todos, como sociedad. Los periodistas, por, generalizando, no dignificar nuestra profesión desde las redacciones de los medios y aceptar colaborar con un sistema que busca la espectacularización de la información como fuente de ingresos en lugar de poner el criterio periodístico en el centro de nuestra tarea. Las empresas de comunicación que, ahogadas por las deudas y intervenidas por los bancos, han decidido prescindir del periodismo y dedicarse a otra cosa. Y, finalmente, los lectores, los ciudadanos, que hemos abrazado en masa la mentira y la manipulación, que hemos apoyado de forma activa la banalización del periodismo. Que hemos demostrado millones de veces que ante un buen reportaje o un texto viral de tres líneas y mal escrito, nos quedamos con el posterior.

Ya todo puede ser verdad y todo puede ser mentira. Da igual lo que escribamos aquí o lo que comentemos por allí, la viralidad es el nuevo dios, que rinde cuentas a uno de antiguo, el dinero. Así que como esto no lo vamos a parar, lo único que se me ocurre para intentar frenar los mensajes que reciben a diario miles de islandesas con declaraciones de amor eterno es viralizar lo siguiente: a parte de los 1.800 euros mensuales, por casarte con una islandesa también te regalan un cerebro. Quizás así alguien abra los ojos.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ojetes Sin Fronteras dice:

    Me esperaba un mero artículo informativo sobre este bulo en particular y me encuentro una reflexión sobre la sociedad actual y la manera en la que se consume la información hoy en día. Igual no soy muy imparcial porque coincido plenamente con vosotros en todo lo que decís y ya se sabe que a veces nos ciega un poco el amor hacia una opinión afín, pero, en general, me parece que hacéis un trabajo estupendo y, en particular, este artículo/editorial me ha parecido la leche.

    Le gusta a 1 persona

  2. Al dice:

    Un gran artículo

    Me gusta

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