La economía de la montaña rusa: Islandia, 2007-2017

foto Elvira

Maria Elvira Méndez Pinedo / Reykjavík

Profesora y catedrática de Derecho Europeo de la Universidad de Islandia

Islandia levantó los controles de salida de capitales hace casi dos semanas tras una crisis bancaria histórica y una recuperación económica asombrosa. La pregunta que todos se hacen es si la economía boyante del país basada en el turismo es sostenible y real o si su micro corona afrontará o no otra próxima devaluación (directa o indirecta) para recuperar competitividad. El vértigo está ahí. La saga y el suspense continúan.

Hace casi una década que una crisis se llevó por delante el sistema financiero islandés poniendo al país al borde de la bancarrota y obligando a sus autoridades a adoptar unas leyes de emergencia que supusieron, de manera heterodoxa, un rescate público a la banca operando dentro de sus fronteras y un rescate privado a las actividades de esos mismos bancos islandeses en el exterior. Rescate o no rescate, los ciudadanos tuvieron la oportunidad de votar en dos referendos sobre esta cuestión en 2010 y en 2011, saltando a las primeras páginas de los medios internacionales por apostar por la democracia frente a las finanzas desafiando incluso a la Unión Europea.

A finales de 2008 se impusieron estrictos controles de circulación a los capitales (que no a los pagos de bienes y servicios en el exterior) que han estado vigentes hasta el pasado 14 de marzo. Tras levantarse las últimas barreras, ciudadanos, actores económicos y financieros así como fondos de pensiones podrán decidir si invierten sus ahorros y capitales en el mercado doméstico o si mueven los fondos para invertir en el exterior. De forma paralela, el Banco Central islandés ha acordado un trato singular a los fondos de inversión y grandes inversores no residentes que quedaron atrapados en la isla por los controles, ofreciéndoles un precio especial de compra para esas coronas al por mayor. El precio ofrecido es en realidad un compromiso entre el máximo que podrían haber obtenido si hubieran podido vender de forma libre durante lo peor de la crisis, en las subastas organizadas por el Banco para atraer inversiones y el mínimo que habrían recibido si el Banco Central hubiera impuesto un tipo de cambio restrictivo e inflexible y/u obligado a una permanencia más larga en el país. El paquete se completa con condiciones a la entrada de capitales para inversores con propósitos de especulación, deberán inmovilizar en el país un 40% del capital durante un año en cuentas no remuneradas. La liberalización es pues para la salida, no para la entrada de capitales. A Islandia no le interesa convertirse en un nuevo destino de flujos de dinero en busca de intereses lucrativos cortoplacistas que pongan en peligro su recién estrenada política monetaria.

La crisis financiera islandesa pasará a los libros de texto de economía y finanzas como el ejemplo perfecto del siglo XXI a no seguir. Sus tres bancos más importantes, con activos superiores a diez veces el producto interior bruto, fueron intervenidos en el espacio de una semana larga; la corona islandesa se desplomó en torno al 60-70% de su valor de cambio con respecto a las divisas más importantes e Islandia tuvo el honor de ser el primer país europeo en solicitar un rescate formal al Fondo Financiero Internacional.

Para evitar la bancarrota de los bancos (todos islandeses) y el colapso económico del país, con un discurso emotivo en la televisión del entonces presidente del Gobierno, Geir H. Haarde, pidiendo a Dios que bendijera a Islandia, se adoptaron leyes especiales y restricciones absolutas a la salida de capitales. Para los ciudadanos fue un viaje al pasado, toda compra de divisas estaba prohibida permitiéndose únicamente, bajo presentación de un billete de avión en el banco, la compra máxima de 2000 euros por persona y mes junto a la utilización de tarjeta de crédito en el exterior. Las medidas también congelaron en la nevera islandesa los activos en corona de fondos de inversión extranjeros. A pesar de ser una excepción en Europa, la necesidad y legalidad de estas medidas fue confirmada a la luz del Derecho del Espacio Económico Europeo (ampliación del mercado interior único) por la sentencia Sigmarsson del Tribunal de la Asociación Europea de Libre Comercio, el 14 de diciembre de 2011. Incluso el Fondo Monetario Internacional las bendijo por necesidad. La paradoja islandesa es que, adoptando una solución no convencional, volvió a la senda del crecimiento con una rapidez vertiginosa. La no pertenencia a la zona euro permitió una libertad de actuación más arriesgada y menos condicionada que, a medio plazo, reconstituyó la soberanía monetaria. El préstamo al FMI fue devuelto con antelación en 2015.

En el período 2007-2017 Islandia ha convivido con una economía cuyos gráficos asemejan los de una montaña rusa. Los datos son confirmados por un artículo en la revista The Economist del 18 de Marzo de 2017. Al boom y bonanza de 2007 siguió una recesión de 2009-2010 con una caída del PIB de más del 10% anual pero, tras 2012, la economía despegó de forma exponencial. En 2016, el PIB creció un 7,2%, liderando el crecimiento en Europa. De hecho, la combinación de un incremento vertiginoso del turismo y la prohibición paralela a la salida de capitales salvaron a Islandia. De recibir 300.000 turistas en 2001 se han pasado ya a esperar más de 2 millones, cifra que supone seis veces la escasa población de 338.500 habitantes. Si el capital extranjero y las divisas sólo entran en el país y nunca salen y el Estado recauda un 25,5% de IVA es fácil adivinar la fórmula secreta de la recuperación milagrosa del país.

Esta nueva política monetaria supone un punto de inflexión. Las reacciones a la liberalización de salida capitales han sido moderadas y la corona, de momento, ha resistido a la operación. Las autoridades financieras y el Banco Central han sido cautos pero optimistas. La revista The Economist ofrece algunas opiniones expertas al respecto. El profesor Jon Danielsson (London School of Economics) espera que la economía se enfríe algo ya que, a su juicio, los activos domésticos han sido sobrestimados y podrían reflejar precios superiores a los reales. Sólo el sector inmobiliario ha subido un 16% en el último año, reflejando además la progresiva airbnbnización del parque de viviendas en zonas de alta afluencia de turistas, como el centro de Reykjavík, además de la falta de viviendas de nueva construcción. La corona se apreció respecto al euro un 16% durante 2016, aunque ha perdido un 3% en el último mes tras el fin de los controles sobre la salida de capitales del país. Otros economistas entrevistados por la revista, como Fridrik Mar Baldursson (Reykjavík University), señalan que la economía islandesa no está sincronizada con otros países desarrollados ofreciendo mayor rentabilidad (5% interés anual de la corona) pero mayor riesgo.

Los análisis y comentarios de opinión con respecto a la nueva normativa han sido esperados pero poco diversos. Todos los analistas coinciden en que es necesario esperar para ver si la corona islandesa resiste la apertura y ver cómo se desarrolla el período estival con la mayor afluencia de turistas y divisas. Aún así, la periodista experta en economía y finanzas Sigrún Davidsdóttir (uti.is) apunta en una entrada reciente en su blog que los buenos ciclos económicos no son necesariamente fáciles para un país con una economía poco diversificada y con una microdivisa. Tanto si la corona resiste como si no, en un  sistema de libre cambio estrictamente supervisado por el Banco Central islandés, se adivinan turbulencias en el futuro. Una corona más débil podrá seguir atrayendo turistas al país a riesgo de formar nuevas burbujas. Una corona excesivamente fuerte los alejará amenazando al sector económico que más ha ayudado a reconstruir el país. ¿Será necesaria una nueva devaluación de la corona? No se sabe todavía.

La pregunta del millón con respecto a la economía islandesa ya corre de boca en boca: ¿esta nueva bonanza es fruto de un espejismo que pronto o más tarde se desvanecerá o refleja una nueva normalidad real de economía basada en el turismo que habrá de domar con políticas de sostenibilidad? Todos los expertos coinciden en que Islandia no debería reescribir otra vez la saga y crisis financiera de 2008. La bonanza tampoco redistribuye la nueva riqueza de forma igualitaria y deja atrás a demasiados excluidos (por ejemplo, los jóvenes que no pueden acceder a vivienda). El paraíso no existe, problemas importantes siguen aparcados a la espera de solución, destacando el infrapresupuestos para sanidad y educación. Sobre la cuestión hay consenso social, lo que no suele ser corriente en el país. Los ciudadanos, empresarios y autoridades no podrían estar más de acuerdo, nadie quiere otra crisis. Pero no es fácil saltar de una montaña rusa.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Ojetes Sin Fronteras dice:

    Una vez más, un artículo informado, sobrio e interesante, esta vez sobre la economía islandesa. De momento me sorprende que la corona no se haya desplomado con el levantamiento total de las restricciones (me esperaba una fuga de capitales tirando a masiva y una desestabilización importante), pero sí, yo también ardo en deseos de saber cómo evoluciona todo esto.

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