Islandia y la Guerra Civil Española (III): el conflicto en la prensa islandesa

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Aitor Yraola

La deformación del conflicto español se ve plenamente confirmada a la luz de los polémicos despachos de Guerra del escritor Ernest Hemingway “traducidos por sus editores”, las dificultades del escritor George Orwell para publicar su “versión objetiva de los hechos” o la interpretación del bombardeo de Guernica por Luis Bolín para quien el ataque aéreo fue “uno de los mitos que nuestros enemigos inventaron durante la Guerra civil para engañar a la opinión pública extranjera”. La objetividad relativa de los corresponsales de Guerra en España, el rechazo consciente de la “verdad histórica” en aras de una política editorial determinada, junto con la eficacia de los servicios de propaganda para tergiversar los hechos históricos, patente cuando por ejemplo el Dr. Josep Goebbels afirmaba en su discurso titulado La verdad sobre España ante el Congreso Nacional del Partido Nacional Socialista en 1937 que “la verdad sin embargo es que el movimiento nacional ha sido en realidad un acto de defensa propia por parte del pueblo contra una rebelión planeada en Moscú por el Partido Comunista de España”. En este sentido, ha señalado con acierto el historiador K.W. Watkins que “la primera lección que ha de tener en cuenta el historiador es calibrar el grado en que los prejuicios ideológicos pueden destruir el sentido de la realidad”.

Islandia sufrió más agudamente que otros países europeos la deformación de los hechos señalada. La ausencia de profesionales de la información in situ así como la dependencia islandesa de agencias de prensa extranjeras supeditadas a su vez a problemas de interpretación, ocasionaron que la mayoría de los artículos de fondo publicados durante el conflicto fueran reinterpretaciones o traducciones más o menos afortunadas siempre en consonancia con la ideología concreta de cada diario o revista. Hubo en Islandia tres tipos de testimonios de la Guerra: directos, indirectos y cuantitativos. Los testimonios directos, es decir, de islandeses presentes en la Guerra, en los diarios de derechas (Morgunblađiđ, Tíminn, Vísir) fueron pobres, anecdóticos, truculentos y superficiales. Por otra parte, los testimonios directos en los diarios de izquierdas (Alþýdublađiđ, Þjóđviljinn) fueron fidedignos al contar con las versiones de un voluntario en las Brigadas Internacionales, Hallgrímur Hallgrímsson, del escritor Björn Franzson y el nobel Halldór Laxness, todos presentes en momentos álgidos de la contienda como la batalla del Ebro o la defensa de Madrid.

Los testimonios indirectos en los diarios de derechas mencionados fueron pocos en cantidad y pobres en calidad; artículos de fondo escritos por periodistas no profesionales e interpretaciones anónimas que hacen suponer la intervención directa de la redacción de los diarios. Sus fuentes fueron de dudosa procedencia, refritos de orientación reaccionaria o conservadora, versiones parciales de los hechos, truculentas en su contenido, pacatas ideológicamente. La interpretación de la contienda del Morgunblađiđ fue pobre, tendenciosa, reaccionaria, ajena a un conflicto que no incumbía y partidaria de la rebellion militar, en tanto que ésta pusiera freno a la expansion comunista.  De otra parte, los testimonios indirectos en los diarios de izquierdas señalados fueron mucho más numerosos y complejos. Los artículos del diario socialdemócrata Alþýdublađiđ, además de ofrecer la traducción completa de la novela de Upton Sinclair They Shall Not Pass. A Story of the Battle of Madrid, hicieron llamadas públicas para recaudar fondos destinados a la España republicana y acusaron al diario conservador de fascista, de ser partidario de los rebeldes.  Los artículos indirectos del diario Þjóđviljinn se distinguieron tanto por su variedad como por su calidad aunque concentrándose en la ideología afín a la del diario; versiones de dirigentes –españoles y extranjeros-, políticos o célebres escritores comunistas. Este diario se destacó por la virulencia de sus críticas y polémicas locales, en 1936 comparaba la causa del pueblo español con la lucha independentista del líder islandés Jón Sigurđsson, en 1937 comparaba al financiero Juan March con la corrupción existente en la burguesía islandesa encabezada por los hermanos Thors y en 1938 el diputado comunista Einar Olgeirsson criticaba la histeria del diario conservador ante la unificación de fuerzas sindicales con el titular “Los amigos de Franco se ponen nerviosos”.  La postura de este diario de izquierdas fue favorable al gobierno legítimo desde un principio, desmitificadora, enérgica e incluso profética en cuanto a las amenazas del fascismo.

Además de los testimonios directos e indirectos señalados también hubo en Islandia un flujo casi diario de noticias en la mayoría de los periódicos que basadas en fuentes similares, estuvieron sujetas a tergiversaciones en clara consonancia con la orientación política de cada diario. Así, por ejemplo, mientras el 1 de febrero de 1937 (cuando los voluntarios fascistas italianos y el ejército rebelde toman Málaga) para el Morgunblađiđ los rebeldes “cercan Málaga”, por el contrario para el Þjodviljinn “al ataque fracasa” o cuando el mismo diario anuncia escuetamente el 23 de diciembre de 1938 “Un nuevo avance de Franco”, el Alþýdublađiđ lo interpreta como “Un avance sangriento en Cataluña durante la Navidad”.

La repercusión de la Guerra no se limitó únicamente a los periódicos de tirada diaria sino que también los semanarios de contenido general, prorebeldes, progubernamentales y hasta neutrales, publicaron artículos de fondo o noticias en una proporción de una de cada cuatro de todas las publicadas durante todo el período considerado.  El análisis de estos semanarios reafirma la amplia repercusión que tuvo la guerra en los diarios ya estudiados, desde publicaciones extremistas como Mjölnir, que afirmaba sin ambages que “los generales Mola, Franco y Queipo de Llano siempre han sido demócratas”, pasando por la conversación en pleno frente mantenida entre Ilya Ehrenburg (corresponsal del Izveztia) y uno de los brigadistas islandeses, hasta  el chiste publicado en la revista satírica Spegill (espejo) que haciéndose eco de las polémicas locales provocadas por las colectas públicas destinadas a España, ofrecía una lista de productos como “dos botellas de aguardiente islandés” y “pantalones para Largo Caballero”.  En consecuencia de todo lo anterior, la Guerra civil no fue un episodio aislado de los acontecimientos históricos en Islandia sino que muy por el contrario golpeó las conciencias de muchos islandeses quienes influidos por las noticias y artículos sobre España, participaron en las luchas ideológicas locales armadas con el aparato conceptual de un conflicto laberíntico, tomaron partido por un bando u otro, gastaron su dinero en ayudar al pueblo español o tomaron parte, pluma en mano, en los tristes sucesos. Para unos, los lectores del diario conservador Morgunblađiđ, la guerra fue presentada como una cruzada contra el comunismo y como un conflicto social ajeno. Para otros, lectores de la prensa de izquierdas, la guerra fue una lucha de un gobierno legítimo contra un puñado de militares rebeldes apoyados por el fascismo italo-alemán que también golpeaba con mano de hierro a la ventana de la durmiente Islandia.

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