Covid-19 en Islandia: una supresión accidental

 

 

 

Haukur Þorgeirsson,

filólogo del Instituto Árni Magnússon

para los Estudios Islandeses

Traducción del artículo ‘Accidental Supression

Traductor: Èric Lluent

 

Una breve historia sobre el Covid-19 en Islandia

La gestión de la epidemia del Covid-19 en Islandia ha obtenido atención internacional en términos positivos. El país ha sido alabado por la efectividad de su estrategia basada en hacer tests y rastrear los contactos de los infectados, lo cual ha permitido a Islandia contener la epidemia con menos muertes y menos afectaciones para el día a día que en la mayoría de países de Europa Occidental. Todo esto es verdad. No obstante, este artículo da contexto adicional señalando algunos errores de cálculo en la respuesta islandesa. Aunque el artículo se centra en los errores, se puede -si se quiere- obtener un mensaje esperanzador de su lectura: es posible tener éxito en la contención del virus incluso con fallos en su gestión. El virus no es invencible y su supresión no requiere los niveles de competencia y previsión de, por ejemplo, Taiwán.

El virus es “aproximadamente tan mortal como la gripe”

Como muchos otros expertos en Occidente, los expertos islandeses estimaron la mortalidad por Covid-19 como muy baja. En una entrevista el 1 de febrero, la especialista en enfermedades infecciosas Bryndís Sigurðardóttir estimó que el número real de personas infectadas en China era probablemente mucho mayor que el registro de casos confirmados, lo cual significaba que el índice de mortalidad era mucha menor, probablemente menor que el del virus de la gripe común.

El epidemiólogo nacional, Þórólfur Guðnason, estimó que el virus era tan peligroso como la gripe. El 26 de febrero, estimó que si la epidemia se extendiera sin control por toda Islandia sin que se tomara ni una sola medida por parte del gobierno, en el peor de los casos se llegaría a 25 ingresos en la UCI y diez muertes, comparable con la epidemia de gripe de 2009.

Estas cifras estaban basadas en la idea de que la epidemia en Hubei estuvo descontrolada y que se frenó de forma natural cuando la población había conseguido la inmunidad grupal. Para este modelo, las muertes per capita en Hubei se aplicaron, entonces, a la población de Islandia. Mientras los críticos sugerían que una epidemia descontrolada en Islandia podría implicar miles de muertes, el 15 de marzo el epidemiólogo nacional seguía trabajando con su modelo, aunque por aquel entonces ya había incrementado su estimación a 30 casos en la UCI. Con el desarrollo de los acontecimientos, Islandia llegó a los 30 cosas en la UCI el 20 de abril, en lo que, finalmente, no ha sido una epidemia sin control.

 

“Conseguiremos inmunidad grupal”

Puesto que el virus se veía como muy contagioso pero con un índice de mortalidad bajo, se decidió no intentar suprimirlo. En su lugar, el plan apostaba por las medidas de mitigación para ralentizar la propagación del virus mientras que la población de riesgo sería protegida. Mientras tanto, una gran proporción de población joven y saludable se infectaría para así conseguir inmunidad grupal.

El plan de inmunidad grupal fue explicado con detalles el 15 de marzo por el epidemiólogo nacional en una conferencia de prensa desgranando la estrategia:

Sabemos que una gran parte de la nación se infectará. Queremos que solo se contagien los que tienen buena salud. Queremos mantener la infección lejos de los grupos vulnerables porque sabemos que la inmensa mayoría de las personas sanas que se infectan tienen casos leves. De esta forma, vamos a conseguir la inmunidad grupal, la inmunidad comunitaria que nos permitirá proteger a los vulnerables.

Si introdujéramos medidas muy duras, cerrando todo, entonces creemos que la epidemia llegaría más tarde, cuando abriéramos de nuevo. (…) Por lo tanto, queremos que las personas adecuadas se infecten, no la gente vulnerable.

En una entrevista en la televisión ese mismo día profundizó en sus explicaciones:

Debemos tener cierta infección en la comunidad porque esto funciona como una vacuna. Podemos calcular que deberíamos tener un 60% de la nación contagiada para crear inmunidad, para conseguir la llamada inmunidad grupal para que el virus no pueda continuar.

En una rueda de prensa el 25 de marzo continuaba mostrando su idea de que “nosotros conseguiremos inmunidad grupal”, detallando que la estrategia de supresión era inferior:

Es totalmente claro que la infección en la comunidad creará inmunidad grupal y siempre hemos dicho que no podemos prevenir la infección. Sería posible con algunas medidas muy duras pero esto costaría muchísimo y significaría que tendríamos la epidemia de nuevo.

La importancia de no actuar “demasiado pronto”

Puesto que el plan islandés era que la infección se extendiera a paso moderado entre la población sana, fue visto como importante no introducir una prohibición a las reuniones de masas “demasiado pronto”, ya que esto supondría el riesgo de ralentizar la infección demasiado, perdiendo la posibilidad de la inmunidad grupal. El 4 de marzo, Islandia había identificado 29 infecciones pero el mensaje de las autoridades fue este: “no aconsejamos a nadie cancelar nada”.

Mientras muchos países europeos introducían medidas para reducir la propagación del virus, las autoridades islandesas eran presionadas para que hicieran lo mismo. Los planes para la prohibición de reuniones masivas fueron redactados pero no activados hasta el momento que pareciera adecuado. El 12 de marzo, Víðir Reynisson, jefe de policía y uno de los responsables de la gestión de la epidemia, explicó que “si lo hacemos demasiado pronto y paramos la epidemia totalmente” el virus simplemente volvería con toda la fuerza una vez la prohibición fuera levantada.

Los países que introdujeron medidas duras en una etapa temprana fueron ridiculizados. Alma Möller, directora de Sanidad, comentó:

En muchos países no hay base científica para las acciones tomadas, solo políticos presumiendo. Una piensa en Bulgaria, por ejemplo, con cuatro casos y cierre total. Esto es parte de una agenda política, no hay ciencia que lo respalde.

Þórólfur Guðnason describió de forma similar las medidas tomadas en Dinamarca y Noruega como “coloreadas por la política” y tomadas en contra el consejo de los expertos.

La prohibición de las reuniones de masas (de más de 100 personas) en Islandia se impuso el 16 de marzo, pero fue más restrictiva a partir del 24 de ese mes (máximo, 20 persona). Pero incluso con esta prohibición, las medidas fueron mucho más ligeras que en la mayoría de países europeos. Las universidades y las escuelas secundarias se pasaron a la educación a distancia pero las escuelas para niños continuaron abiertas con algunas restricciones. Se cerraron teatros, piscinas y gimnasios, pero no hubo un cierre general ni un cierre de comercios. Estas medidas se tomaron para ralentizar la propagación del virus pero no estaban pensadas para su supresión.

Testear y rastrear es solo “la fase uno”

El plan islandés incluyó pruebas generalizadas para detectar el virus, aislamiento de los infectados y cuarentena para sus contactos. Esta ha sido la clave del éxito islandés. Pero es interesante recordar que inicialmente esta estrategia no fue pensada como la principal lucha contra el virus. Estas medidas, en un principio, estaban diseñadas para ralentizar la propagación, pero los expertos no esperaban que, de hecho, sirvieran para la contención del brote. Una vez el virus se hubiera extendido, el plan era pasar a la fase dos, la mitigación. En ese punto, los tests se reducirían, se dejaría la cuarentena y el foco se centraría en el fortalecimiento del sistema de salud pública para que pudiera atender a los enfermos graves.

Una parte de la historia del éxito islandés fue la oferta de deCode Genetics para realizar pruebas a la población general para detectar el virus. Mientras esto se planeaba, el doctor Kári Stefánsson explicaba que él esperaba que deCode encontrase que el virus estaba ya extendido en el país. Stefánsson apuntó que, si el resultado era este, las medidas de cuarentena ya no tendría sentido puesto que eran una carga para la sociedad.

Éxito accidental

Al final, el examen de deCode reveló que la infección no estaba extendida en Islandia. Esto fue parte de la historia de cómo las autoridades islandesas se dieron cuenta de que las medidas de contención, diseñadas solo para ralentizar el virus, podían ser suficientemente efectivas para pararlo. A su vez, los expertos empezaban a considerar que la enfermedad era mucha más mortífera que la gripe y que posiblemente necesitaría ser suprimida en lugar de ralentizada. El resultado fue que Islandia permaneció en la fase de contención y nunca pasó a la fase de mitigación planeada.

Es difícil decir con precisión en qué momento las autoridades islandesas cambiaron los objetivos de mitigación por los de supresión. Nunca se publicó un anuncio oficial de cambio de estrategia. Pero un punto de referencia interesante es una entrevista con la primera ministra, Katrín Jakobsdóttir, el 16 de abril, en la que afirmaba que “el objetivo debería ser cero infecciones”.

¿Una historia isleña?

Hay artículos sobre el éxito islandés que, a menudo, señalan que Islandia es una isla, como Taiwán, bien posicionada para el control de sus fronteras. Esta ventaja, no obstante, jugó un rol menor en la estrategia islandesa. Mientras que a los viajeros islandeses que llegaba de zonas de alto riesgo se les ordenó hacer una cuarentena en cuanto llegaban, no se establecieron restricciones para la llegada de visitantes extranjeros a Islandia. El riesgo de infección por parte de los turistas se estimó como relativamente pequeño, puesto que, de todas formas, el plan era la inmunidad grupal, y una cierta propagación del virus por parte de los turistas era vista como aceptable. Por esta razón, Islandia no implementó controles sanitarios en los aeropuertos, no restringió los viajes desde Asia Oriental mientras esa región era el epicentro del brote y no restringió a los viajeros de Europa una vez el brote llegó al continente. Islandia protestó por el cierre de fronteras de Estados Unidos el 14 de marzo, protestó contra el cierre de las fronteras de la zona Schengen unos días después y continuó admitiendo viajeros de Europa, incluso de zonas con altísimas ratios de infección.

No obstante, cuando el epidemiólogo nacional se dio cuenta de que las medidas tomadas en Islandia parecían estar suprimiendo el brote sin crear inmunidad grupal, decidió que la única manera de prevenir una segunda ola era parar el virus en la frontera, recomendándolo al gobierno. Por ello, Islandia finalmente impuso controles de frontera el 24 de abril, con el requerimiento de dos semanas de cuarentena para toda persona que entrara en Islandia. Este fue un paso doloroso para un país que depende del turismo, tomado con todas las reticencias después de que las autoridades valoraran todas las demás posibilidades. En 2019, Islandia tuvo más de dos millones de visitantes extranjeros, con una población de 364.000. Incluso en 2020, un informe publicado el 14 de abril apuntaba que “desde el inicio del año, 334.000 pasajeros extranjeros han salido de Islandia”.

El caso islandés no es, rotundamente, la historia de una tierra aislada que rápidamente cerró sus fronteras. El éxito vino de testear, de rastrear, de hacer cuarentena y del distanciamiento social con medidas de cierre muy modestas. Por supuesto, solo el tiempo dirá si la primera ola de contagios llegará a cero y cuán exitosa la estrategia de cerrar fronteras será para prevenir una segunda ola.

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