Jaime Salinas, ya en el recuerdo. A propósito de la publicación de ‘Cuando editar era una fiesta’

Aitor Yraola

Si no recuerdo mal conocí por primera vez a Jaime en un aula de la Universidad de Islandia a finales de los ochenta del siglo pasado y siempre en compañía de Guðbergur Bergsson o Berg para los amigos. Apareció aquel memorable día con un vídeo sobre Cortázar que se proyectó para los interesados. Sorprendido de que fuera el hijo del gran poeta Pedro Salinas le pregunté a mi colega, amiga y también profesora de la prestigiosa universidad, Álfrúnn Gunnlaugsdóttir, cómo era que Jaime había llegado hasta Islandia, y ella contestó, de forma lacónica, “que era un secreto bien guardado porque Guðbergur no solía presentarle en público”.

Después de ese primer encuentro fui a visitar a Guðbergur y a Jaime varias veces a su modesto piso en Vifilsgötu 6 rompiendo así el secretismo de sus estancias en Reykjavík durante los veranos. En su piso hablábamos de todo, bastante de crítica social y mientras Guðbergur me invitaba a generosas tostadas con mermelada, Jaime confesaba su ignorancia de la mecánica social del país al desconocer el islandés, apoyándose siempre en las opiniones de Berg. Jaime me caía muy bien, era una persona sincera, comedida, culta y cosmopolita, y como español resultaba gratificante hablar mi lengua materna en la isla. Yo era un completo desconocedor de su pasado y me limitaba a tratarle como Jaime el amigo de Guðbergur.

Con el tiempo se fue rompiendo el anonimato así que mi mujer y yo le invitamos alguna vez a merendar a nuestra casa, en Tómasarhaga 49, también con Álfrúnn para pasar  agradables veladas de charla con tarta de manzana. Me consta que disfrutaba mucho en nuestro hogar. Casi nunca hablaba de su vida, era siempre modesto, atento, amable.

En 1991 le escribí a Madrid para que me recomendara posibles editores en España interesados en publicar literatura islandesa y a finales del mismo año me contestó una carta manuscrita en la que me aconsejaba lo siguiente:

No te escondo mi total pesimismo ante tus gestiones. El caso de Guðbergur es muy especial, si queréis hacer algo en literatura islandesa yo os aconsejaría que os concentraseis en Guðbergur. Su obra puede ser el núcleo en torno al cual podría ir saliendo primero Thor y luego alguna obra de alguna joven promesa. Perdona estos consejos que me atrevo a darte como editor y como persona profundamente interesada y dispuesta a ayudar a difundir la literatura islandesa. Nada más por ahora. Si en algo más te puedo servir escríbeme. Gracias por tu hospitalidad, recuerdos a Álfrúnn. Un abrazo.

Cuando Jaime era Director General del Libro en el Ministerio de Cultura le llegó una petición mía, vía Embajada de España en Oslo, solicitando una donación de libros para la Universidad de Islandia, petición que se tomó con verdadero interés y más tarde, en 1993, le llamé a Madrid para que me ayudara a convencer a Carlos Saura de que inaugurara el Festival de las Artes de Islandia de ese año, nueva petición de ayuda cultural que se tomó bien en serio (en su libro póstumo leí que tenía buena relación con Elías Querejeta, el productor proverbial del cineasta). Así era Jaime, un hombre comprometido con la cultura.

Y cuando en 1995 ya estaba bien avanzada mi traducción de El Cisne  sobrevino el terremoto de mi despido ilegal de la Universidad de Islandia y por un azar del destino ese evento hizo que estrechara más mi relación con Jaime antes de emigrar a Noruega. A finales del verano de 1995 me encontré con él en una cafetería de Reykjavík, estaba conmocionado por mi situación y se prestó a escribirme una carta de recomendación ya que entonces había empezado a buscar puestos universitarios en los Estados Unidos.

En esa cita me contó cómo escapó de Santander con su hermana Soledad en julio de 1936; se acercaron al puerto y el capitán de un barco con bandera norteamericana allí fondeado aceptó trasladarlos a Francia. Por un azar del destino, Pedro Salinas tenía una carta de presentación para enseñar en Middlebury College, universidad donde casualmente había estudiado la hija del capitán. Pedro le metió dinero en los bolsillos, le dio un abrazo y se despidió de ambos con lágrimas en los ojos. Fue un encuentro triste y probablemente el invierno más largo de mi vida. También a finales de ese verano fatídico hice un viaje en coche con mis hijas con Jaime y Guðbergur por los alrededores de Gríndavík para despedirme con ellos de Islandia.

En 1997, ya instalado en Noruega me escribió una cariñosa carta que transcribo:

Querido Aitor,

Hace días que quería sentarme para ponerte unas líneas, pero he estado liado con un libro-entrevista, trampa que me tendió Muchnik y en la que yo estúpidamente caí. Ya está en manos del editor, pero no estoy nada contento del resultado. El entrevistador ha sido Juan Cruz, que acostumbrado a entrevistas periodísticas de ocho folios (máximo), en una más ambiciosa como pedía Muchnik, tengo la impresión de que se ha ido por los cerros de Úbeda.

Berg y yo pasamos tres semanas en Italia huyendo de las fiestas navideñas y siguientes. He vuelto encantado con ese país. Indignado conmigo mismo por haberme complicado la vida viajando a China u otros lugares exóticos, cuando uno tiene Italia al alcance de la mano. No tuvimos suerte con el tiempo (comentario islandés obligatorio), pero había poco turismo y no hubo que hacer colas en museos etc.

Sigo trabajando en mis Memorias, lo que me permite mantener un cierto equilibrio en mi vida cotidiana, sobretodo cuando Bergsson no está por aquí. Me propongo terminar el primer tomo este año. Espero irme a esa tierra de la que has renegado (al revés te lo digo para que me entiendas) en la segunda quincena de junio y me quedaré hasta finales de septiembre. Me gustaría que te animases a darte un paseo por Gríndavík. Tarde o temprano creo que debes enfrentarte con esa hiriente experiencia. No quisiera que la amargura te fuera royendo. Piensa en Anna y sobretodo en los críos (perdona que me meta donde no me mandan, pero, muy a pesar mío, sigo siendo español).

De la vida nacional lo más prudente es hablar lo menos posible. Estamos sumidos en la mediocridad, en un thatcherismo de pacotilla. Como posiblemente sepas el gran tema de las últimas semanas es si podremos ver por la televisión todos los partidos de football. No se han atrevido a declararlo de interés cultural, pero sí social. Por otra parte hoy los toreros se han declarado en huelga por un asunto de las astas de los toros.

No sé si Bergsson te tiene al corriente de sus éxitos. La edición de Gallimard se ha agotado. Kundera le hizo una reseña en el Observateur poniendo el libro por las nubes. La edición inglesa saldrá en abril, la española, en junio. Incluso los noruegos quieren publicarle el libro, mientras que los suecos sacan su última novela en un club del libro con un tiraje inicial de 25.000 ejemplares. Naturalmente en su país como si no pasara nada.

Ya sabes que me apetecería darme un paseo por tu nueva tierra y sobretodo poder embarcarme en uno de esos barcos correo que suben por toda la costa. Pero por el momento tengo que centrarme en mis memorias.

Cuando tengas tiempo y ganas, ponme unas líneas. Si necesitas algo de aquí dímelo.

Hasta pronto, por lo menos por carta,

Jaime

Pd. Bergsson estará aquí a partir del 26 de marzo, no sé cuánto tiempo se quedará.

Ha transcurrido inexorablemente el tiempo y desde mi nueva residencia en Noruega le visité varias veces en su piso de Madrid. En una ocasión me invitó a comer en una taberna cercana a su casa, en otra fue un almuerzo con mi amigo y colega Jon Askeland, más adelante una visita sorpresa con una estudiante noruega que amaba España y en otra para hablarme de una novela de Guðbergur que habría que traducir al español. Siempre había mesura y amabilidad en los encuentros, siempre ocultaba con modestia un pasado extraordinario que acabo de descubrir con la edición de sus segundas memorias póstumas. Si en sus Travesías expuso “el arranque genial de su vida singular” en esta edición se clarifica su participación decisiva en la creación de editoriales en España y sobretodo la expresión de la profunda amistad y cariño que Berg y él se profesaron a lo largo del tiempo.

Jaime, que la tierra te sea leve.

Fallece Jaime Salinas, hijo del poeta Pedro Salinas, noticia publicada en El Mundo el 25 de enero de 2011.

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