Erna Péttursdóttir: “Como restauradora, el gobierno islandés no me representa”

 

 

 

 

 

Erna Péttursdóttir / Reykjavík

Debido a las circunstancias actuales, como propietaria de dos restaurantes en Reykjavík y ante las medidas que está tomando el gobierno islandés como respuesta a la pandemia, me gustaría compartir mi historia con los lectores del Faro de Reykjavík para que comprendan las dificultades por las que estamos pasando los restauradores en Islandia.

Entre el Mediterráneo e Islandia

Mi nombre es Erna Péttursdóttir. Soy hija de padre islandés y madre catalana, y nací en Reykjavík, aunque nos mudamos a Barcelona cuando yo era muy pequeña. Crecí en un entorno propio de la cultura mediterránea y en casa nunca hablábamos islandés. Aún así, veníamos los veranos de visita a casa de mis abuelos para aprender la lengua y no perder el vínculo con nuestra familia. Ya de adolescente, solía trabajar los veranos en Islandia, hasta que, a raíz del colapso financiero de 2008 y de la consecuente devaluación de la corona islandesa,  decidí que ese año no iría a trabajar. 

En 2010 ,decidí volver a Islandia para tener a mi primera hija. Por aquella época aún se notaban los recortes de la crisis, pero decidí formarme y estudiar el idioma para tener un nivel alto, como primer paso a una integración satisfactoria. Durante tres años estuve aprendiendo islandés y trabajando en restaurantes y hoteles. Fue en esa época en la que me di cuenta de lo limitada que era la oferta gastronómica en Reykjavík.

Ramen Momo

En 2013, y tras tener a mi segundo hijo, con los poquitos ahorros que teníamos  mi pareja y yo decidimos abrir Ramen Momo, un pequeño restaurante – taberna con sitio para seis personas. Por aquel entonces, teníamos tanto miedo de que no funcionara que ambos mantuvimos nuestros trabajos y doblábamos turnos para sacar el proyecto adelante. Un año más tarde, ya habíamos conseguido que el proyecto fuera sostenible y contratamos a nuestro primer trabajador. Siempre cautelosos de poder seguir con el proyecto, nuestro sueldo siempre estuvo bajo mínimos, pero trabajábamos tanto que no teníamos casi tiempo de gastar. 

Y, de repente, nos pilló el boom turístico, se derribó una casita al lado de nuestro local para construir uno de los tantos hoteles que darían sombra a las calles de Reykjavík. Nuestro negocio tenía un ingreso equitativo de locales y turistas, en mi cabeza me repetía una y otra vez: “tranquila, Erna, cuando no haya turistas seguirás teniendo clientes locales”. Nuestro proyecto se ha basado siempre en el producto local, nuestros horarios, en apoyar las necesidades de nuestros trabajadores, y nuestra inversión, en ser conscientes de cada pequeño paso que dábamos.

Un paso más: Makake

En este contexto, nació pues nuestro segundo restaurante, Makake, el verano de 2019, en un barrio industrial apartado del bullicio turístico y que pronto empezó a funcionar. Un restaurante que no necesitó préstamos ni inversores, ya que todo el beneficio que producía Ramen Momo fue invertido en crearlo. En aquel momento, teníamos bajo nuestro regazo una plantilla de quince personas (algunos a jornada completa, otros a media jornada) con una facturación de más de ochenta millones de coronas anuales.

La pandemia

En febrero de este año bajé a Barcelona a visitar a mi familia, lo hice ya con la mascarilla puesta y recuerdo bien cómo se reían de mí. Volví del viaje pensando que la gente no entendía la dimensión de lo que se nos venía encima- ni siquiera yo era consciente de ello. Cuando la primera oleada afectó Reykjavik, decidimos, por protección de nuestros trabajadores, cerrar Makake y mantener Ramen Momo como take away y con un horario limitado. Tampoco tenía muchas alternativas ya que, además de la pandemia, los profesores de las escuelas estaban en huelga -reclamando un incremento salarial- y mis hijos se tuvieron que quedar en casa por más de dos meses.

El cierre temporal de Makake se llevó a cabo con nuestros ahorros. Cubrimos los sueldos y los alquileres, puesto que nuestra salud lo merecía. Aún así, nos subimos al carro de la ignorancia y empezamos a repartir a domicilio. Compramos un coche eléctrico y, sin un sistema informático adecuado, íbamos repartiendo los pedidos de la mejor manera. Al llegar el verano y relajarse las restricciones gubernamentales por la mejora de la situación sanitaria, Makake volvió a abrir sus puertas. Aunque Ramen Momo había perdido la mitad de sus ingresos por la reducción de los turistas, Makake, al estar dedicado a los clientes locales, se levantó más fuerte que nunca.

Mi gobierno no me representa

Así como no me importa compartir los ingresos económicos que mi empresa produjo, también es justo que subrayar el coste que supone Hacienda para el restaurante. El estado se lleva el 37% de esta cifra (entre pago de pensiones, sindicato, el 11% de las ventas, más el 20% del beneficio anual, el 36,9% del sueldos de los trabajadores, etc). No obstante, en la actualidad y en plena tercera ola de la pandemia, el gobierno islandés ha decidido ponernos contra la pared con sus severas, con un aforo máximo de 20 personas, límite horario hasta las 21.00 y la recomendación general de que la gente no salga de casa cada día en los medios de comunicación. Personalmente, me lo tomo como una puñalada trapera que hace que me cuestione a dónde ha ido toda mi aportación económica a este sistema que, ahora, en el peor momento, decide darme la espalda.

Un plan para el sector de la restauración en Reykjavík

No se trata de pedirle al gobierno islandés que nos regale dinero, sino que haga todo lo que esté en sus mano para apoyar el sector de la restauración en Reykjavík, que tanta vida da al centro de la ciudad y a sus suburbios. Se me ocurren algunas soluciones que serían de muchísima ayuda para los propietarios de restaurantes de la capital, empezando por la ayuda para pagar los alquileres de los locales. Además, creo que es clave que se establezcan fondos de ayuda para que los restaurantes podamos adaptarnos a la situación y servir a domicilio de forma eficaz y eficiente. De esta forma, podríamos renovar nuestro entorno digital, con sistemas de recepción y entrega de pedidos de alta calidad. En este sentido, el gobierno también podría apoyar la adquisición de vehículos eléctricos para el transporte de los pedidos. Son solo algunas ideas que, en caso de implementarse, mejorarían la situación de los restauradores, que vivimos una situación muy grave y que vemos con impotencia como el gobierno islandés no nos representa. 

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