El Banco Central islandés advierte sobre los riesgos de la burbuja del turismo y la construcción

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Èric Lluent / Reykjavík

Fotografía: Èric Lluent

El Banco Central de Islandia ha publicado el primer informe sobre estabilidad del año 2017. En este documento la institución advierte sobre el incremento de los riesgos de los sectores del turismo y la construcción, así como otros factores que pueden desestabilizar la economía nacional. El documento indica que el riesgo sistémico derivado de la burbuja en el sector turístico y de la construcción ha incrementado respecto al último informe de 2016, si bien aún lo considera tan sólo “posible” y no “probable” o “inminente”. A pesar de las buenas previsiones y del optimismo actual, el banco abre su informe subrayando los peligros que la economía islandesa podría afrontar con el fin de que se tomen las medidas de precaución necesarias por parte del gobierno y el sector financiero.

Respecto al sector del turismo, el informe del Banco Central repasa algunas cifras que demuestran la existencia de un boom histórico. En 2016, el incremento anual de turistas extranjeros que llegaron al aeropuerto internacional de Keflavík fue del 40%, llegando a 1,8 millones. El incremento anual de pasajeros en diciembre y en enero fue del 75%. Actualmente, hay un total de 27 aerolíneas que ofrecen 78 destinos, un récord histórico. Los riesgos en este sector parecen estar bajo control, puesto que tan sólo un 14% de los créditos de los bancos a corporaciones corresponde a empresas turísticas. No obstante, no se aportan datos sobre las inversiones en el sector procedentes de fondos de pensiones o entidades de inversión, los cual podría esconder más riesgos de los que se conocen a día de hoy.

El Banco Central islandés responsabiliza al sector turístico de la apreciación de la corona en los últimos doce meses, debido a la gran inyección de moneda extranjera derivada de la actividad. Esta acusada apreciación ha perjudicado a las exportaciones, principalmente al sector pesquero. De hecho, el turismo se ve perjudicado por su propio auge, puesto que el fortalecimiento de la corona hace que el destino sea cada vez más caro, aunque de momento las previsiones son buenas y la inversión en nuevos hoteles incrementa.

Esta no es ni mucho menos una situación nueva para Islandia, puesto que al disponer de la moneda libre más pequeña del mundo y al estar su economía enfocada a las exportaciones, siempre que se aprecia la moneda nacional, la competitividad de sus productos en el exterior baja, mientras que cuando se devalúa, el atractivo incrementa. No obstante, el valor añadido de sus principales exportaciones, pescado y turismo de calidad, hace que el país disfrute de cierto margen de maniobra respecto a otras economías basadas en la exportación de productos lowcost.

Los síntomas más preocupantes en la actualidad se encuentran en el sector de la construcción, que da muestras de un sobrecalentamiento que, como apunta el banco central, no supone un riesgo claro a corto plazo pero que podría generar problemas que expandiesen de muy rápidamente. El informe apunta lo que ya nadie pone en duda: la demanda de vivienda está muy por encima de la oferta, facilitando un rápido incremento de los precios y de las condiciones establecidas por los propietarios de los apartamentos. Los precios de compra de vivienda han subido en Islandia ininterrumpidamente desde 2011, siendo el incremento de los últimos doce meses (febrero 2016 – febrero 2017) del 18,6%.  Además, el incremento del número de turistas ha reducido aún más la oferta, empeorando aún más la situación para aquellos que buscan alquilar o comprar su primera vivienda.

Al incremento exagerado de los precios le sigue habitualmente una burbuja de crédito, con el fin de que los ciudadanos puedan tener acceso a una vivienda. En un entorno de buenas previsiones económicas y de cifras macroeconómicas en positivo, el crédito otorgado por las entidades financieras puede ser la semilla de un alto riesgo tanto para las economías familiares como para la balanza nacional. El informe apunta que el crédito aún no se ha disparado pero que, en caso de que lo haga, el proceso puede ocurrir a gran velocidad, dejando poco margen de maniobra para evitar una crisis sistémica.

Finalmente, el documento del banco central advierte también sobre los riesgos de los préstamos en moneda extranjera, algo que, en un contexto de apreciación de la moneda local, rebaja las tasas de interés pero que podría suponer un alto riesgo para los prestatarios sin cobertura en caso de que la corona islandesa se devaluara. Esta situación no se está dando a gran escala en la actualidad, pero la mejora de las condiciones de los bancos internacionales a la hora de prestar a bancos islandeses podría hacer que la popularidad de estos créditos creciera a corto o medio plazo. De hecho, la comercialización de los créditos denominados en moneda extranjera fue uno de los factores que más perjudicaron a la deuda de las familias islandesas a raíz del colapso económico por la abrupta devaluación de la moneda nacional.

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